Archive for September, 2007

Phxost

September 22, 2007

La isla de Tempe ha provisto de todo lo necesario a la fecha. Desde el inicio me quedó un dejo de sorpresa cuando hasta Ikea estaba tan cerca. Ahora hemos diversificado nuestra oferta de supermercados sin tener que salir -si quiera- de landlocked Tempe. Para la faena semanal de hoy y la satisfacción de nuestro apetito Mexicano, nuestro prototipo comercial se divide en dos. Food City es una cadena de establecimientos enfocada absolutamente al amplio mercado de extranjeros. En el par de visitas que llevamos hasta el momento hemos compartido los estrechos pasillos y los carritos chocones con compatriotas de todas las tonalidades, así como los omnipresentes Indús y orientales de distintos orígenes -ambos, orientales e Indús-. Food City te recibe en la zona de frutas y verduras, su fuerte, lo barato. Cuando una granada cuesta aquí unos 25 centavos en la contraparte estadounidense cuesta unos 2.5 a 3 dólares. Así que los chiles en nogada dependen de Fuciti. Las bolsas de carbón de mesquite están, si pudieran, casi antes de la entrada. Aquí no hay tomates roma ni pluots, pero hay rollizos y rojizos jito-mates y debajo, bolsas de variedades chiles secos que compramos para los moles futuros. Después de tomar un par de bolsas de nopal entero para el asado de mañana, se pasa a la salchichonería donde el intendente me saluda “¿qué se le ofrece?” así, ni porque a veces paso por gringo. Directo, y directo yo, pido una libra de queso menonita “El Mexicano”. Después de mí una mujer hispana le pide “medio” de algo. Hemos llegado esquivando las obras del tren ligero de Phoenix que bordean la zona, y nos vamos con ese olor que al principio me pareció tan raro, pero que al disiparse con el aire de la velocidad se reveló como ese aroma a mercado, hasta que al llegar a Safeway no había más. Aquí, los colores cambian, tanto de piel como de pintura(s). Los hallazgos esperados son decenas de variedades de vinos comerciales baratos y lo más importante, cortes de una pulgada o más. New yorks, sirloins, mignons, de 8 a 11 dólares la libra que en Food City no se venden y se sustituyen por higado, costillas, chorizos, pechugas, y carne para tamal. Hay también vegetales alternativos y la sección orgánica. Café Starbucks dentro, así como Wells Fargo -uno de los bancos locales- y el siempre amable señor de cincuenta y tantos que reparte pequeños trozos de emparedado que yo siempre le acepto y que el siempre me reitera sobre los demás “they don´t know what they’re missing” al tiempo que su gorrito blanco de cocinero se inclina en mi dirección. En la caja el cajero exclama su impresión al dar con nuestras salchichas linguisa. Me dice que es de Oregon, y que allá siempre las comen con lo que sea, en especial pizza, que no sabía que las vendía, que he ahorrado 8.37 dólares con mi tarjeta de cliente frecuente.

15 de Septiembre

September 16, 2007

Segundo quince de septiembre fuera de México. A decir verdad no recuerdo lo que hicimos hace un año en Auburn, quizás coincidió con algún partido de fútbol americano. Ayer se hizo de noche y a la distancia, sobre el Sundevils stadium los estallidos anunciaban irregularmente lo que me imagino eran anotaciones de los locales. Justo cuando pensábamos que nos ibamos a la cama sin algún gesto de celebración, por una de las ranuras de nuestra doble altura viendo hacia el norte, sobre Scottsdale, una serie coordinada de efímeros dientes de león de distintos colores se presentó ante nuestra imaginación como quizás ese acto festivo por parte de alguna autoridad que reconocía la gran cantidad de compatriotas viviendo en el valle de Phoenix. Así que los adoptamos justo antes de apagar la luz.

Red Rocket

September 15, 2007

Catherine nos ha prestado al “Red Rocket” un “eighties corolla”, dos puertas, sin aire acondicionado, -insisto- rojo y quemado por el sol, sucio, al que bajo advertencia de la dueña lo único que se le mueve es el quemacocos y los vidrios. Ha sido una de nuestras puertas de entrada a Phoenix. Aun y cuando lo recogí estaba con la batería descargada, olvidado, ocupado por los hijos pequeños como auto de feria a la vez real y estático. Hoy zarpamos en el Red Rocket a buscar un centro comercial alejado con el único pretexto de conocer más de esta ciudad que padece de gigantismo horizontal (en la que increiblemente lo más lejos que he llegado es al perfectamente nombrado “Dynamite Road” en Scottsdale), como si se acostara y lo único que asoma fuera la nariz en su centro urbano. Tomamos el 202, hacia el norte, todas las ventanas disponibles abiertas. Al pasar por el “flightpath” del aeropuerto, con los sonidos de la autopista ensordeciéndonos, pasó. A la distancia nos acercábamos y se acercaba el Jumbo de British Airways que ya habiamos visto aterrizar un par de veces antes desde el apartamento. Sin embargo hoy coincidiamos, en el paisaje infraestructural. Cielo despejado, un Corolla ochentero colisiona en planta con la enorme langosta extendiendo todas sus posibles extremidades hasta desaparecer tan sólo a un par de centenares de metros bajo el aviso de humo, de su fricción y de su violencia; de su contacto a tierra. El Corolla pasó de largo y yo me torcía arriesgadamente el cuello.

Apuntes sobre taxistas

September 1, 2007

En esta ciudad los “discount cabs” son más frecuentes de lo esperado. Verdes, amarillos, Grand Marquis. Hace unos días me ví obligado a comprar los servicios de uno para ir al aeropuerto. Buscamos “Taxi Phoenix” en Google. Empleé el primer número de la lista, y en unos 15 minutos estaba ya al frente del departamento. El conductor llamó a mi celular para avisar y solicitar la ubicación exacta de encuentro. Ya estaba prácticamente frente a nosotros.

Era un Grand Marquis o similar, su conductor era un moreno delgado joven adulto seguramente arabe con su hands-free en las orejas. Se preguntarán cual es el caso de este caso anecdótico. Qué lo hace relevante sobre todas las historias de taxistas. Las mías y las demás. Qué es lo singular de estos hombres y mujeres que te permiten entrar a un cuarto de hotel motorizado, tal como la segunda casa es hoy el auto y no la escuela. Que tendrá de raro estar a medio metro de distancia de personajes migrados o locales, satisfechos o forzados, malencarados o sacapláticas. Qué hace referencial a la confianza otorgada de quién se le deja el control al menos por unos minutos.

Transcurría el trayecto en silencio. Yo trataba de adivinar las formas de la ciudad que están aun por cuajar en mi memoria. Sonó su celular y contestó. Un lenguaje que mezclaba el inglés con los suaves flujos fonéticos del medio oriente. En la jerarquía de su comunicación los “remarks” como tal se hacían en inglés: “Bebé, you are the only one! Why dont you believe me! I have to hang, I´ll call you later, I am with a customer (por eso compré el servicio)… Bebé, I am telling you’re the only one…”. Colgó. Qué tal? Si como blogero he creído en ocasiones que es demasiado lanzar el mensaje en la botella, creo que sería mejor aplicar el libre anonimato del taxista.

Sucedió y me hizo recordar a todos esos taxistas a los cuales les agradezco la levantada… Pensándolo bien, desde muy pequeño he resguardado memorias de taxistas. Durante los viajes a la Ciudad de México de mi primera mitad -que si no me apuro en nivelar será de repente un tercio- el caminar a la avenida, esperar, señalar, solicitar el destino, tener la aprobación del conductor, y esperar si es de aquellos que preguntaría que hacía una madre sola con sus tres hijos pequeños o si acaso era de los que preferían la radio. Ahora recuerdo el Jamaiquino en Boston, recogido en el aeropuerto (se las voy a voltear), que nos aderezó el recorrido con Raphael -toco madera-, el conductor del shuttle de un hotel de Atlanta que las 3 noches seguidas usó el Greatest Hits de Barry White, y la brasileña del taxi al aeropuerto de regreso de mi primera visita a Phoenix por la entrevista de trabajo (nos identificamos nuestros mutuos acentos extranjeros y nos preguntamos que hacíamos aquí. Le comenté el motivo de mi visita y me dijo algo así como “tú elije con el corazao, eso es lo muito importante”, ella al parecer había elegido con el corazón siguiendo a su marido que trabajaba casualmente en el aeropuerto), etc…

Fin del primer apunte.