Archive for June, 2009

Anular es votar

June 15, 2009

Por Denise Dresser

Anular es votar. Es participar. Es ir a la urna y depositar una boleta para expresar el descontento con un sistema democrático mal armado, que funciona muy bien para los partidos pero muy mal para los ciudadanos. Hemos construido una democracia parcial en la cual existe la capacidad de votar pero no de sancionar. Es como si usted -lector o lectora- contratara a un empleado, le pagara el sueldo durante los próximos tres años, y no pudiera despedirlo o castigarlo si su desempeño es malo, o atenta contra el bienestar de la empresa. Eso es, en efecto, lo que hemos venido haciendo: votando por personas a las cuales nunca volvemos a ver, cuyo comportamiento en el Congreso desconocemos, cuyo incentivo para representarnos es nulo porque al final de su periodo saltarán a otro puesto. Porque no hay reelección pero sí hay trampolín; porque nos han otorgado la capacidad para llevar a alguien al poder, pero no contamos con instrumentos para asegurar que lo ejerza en nuestro nombre. La anulación no busca acabar con la democracia sino aumentar su calidad y su representatividad. La anulación no intenta dinamitar el sistema de partidos sino mejorar su funcionamiento.

Anular es votar. Es contribuir. Es ir a la urna y votar por “Esperanza Marchita” o por cualquier candidato independiente, usando el único instrumento con el cual contamos. El único mecanismo -imperfecto, difuso, chato- que nuestra democracia trunca ofrece hoy en día. Porque llevamos años pidiendo que los partidos democraticen el sistema, sin que lo hayan hecho. Porque llevamos años exigiendo que combatan la corrupción, sin que hayan mostrado la menor disposición a ello. Porque llevamos periodo legislativo tras periodo legislativo de bancadas que congelan iniciativas prometidas durante la campaña y archivadas cuando llegan al poder.

Porque queremos ayudar desde afuera a los que están intentando reformar desde adentro; a aquellos que enfrentan cotidianamente la resistencia de partidos autistas que defienden intereses enquistados. Y esa inercia no se puede combatir -ya lo hemos visto- con lo que algunos proponen como solución. No basta con formar otro partido, si acaba corrompiéndose para sobrevivir. No basta con cabildear a los legisladores, si su futuro no depende de escuchar a los ciudadanos sino de disciplinarse ante su líder parlamentario o algún poder fáctico. No basta con organizar otro foro -como los tantos que hubo en torno a la reforma del Estado- para fomentar la discusión si ese foro va a terminar siendo ignorado. El problema fundamental del sistema político es la ausencia de mecanismos que le den a la ciudadanía peso y voz. Los incentivos del sistema político están mal alineados: los legisladores no necesitan escuchar a la ciudadanía ni atender sus reclamos, porque la longevidad política no depende del buen desempeño en el puesto. Entonces, la anulación no busca destruir el andamiaje institucional sino centrar la atención en sus imperfecciones y en lo que falta por hacer y mejorar.

Anular es votar. Es tratar de componer lo que está descompuesto. Es usar esta oportunidad para cambiar un sistema que privilegia la rotación partidista por encima de la representación ciudadana. Es usar esta oportunidad para rediseñar las reglas y no sólo votar para darle un par de curules más al PRD o al PAN. La anulación no entraña dejar en manos de otros la decisión, sino crear las condiciones para que los ciudadanos verdaderamente cuenten. La anulación no entraña fortalecer el “voto duro”, sino crear condiciones para que se vea reemplazado por el voto ciudadano. Para que el acarreo corporativo vaya perdiendo peso conforme aumente la participación de personas que creen en las instituciones en vez de desconfiar de ellas. Para que en lugar de cortejar a Elba Esther Gordillo o a Valdemar Gutiérrez, los partidos se vean obligados a cortejar a personas como usted.

Anular es votar. Es contribuir. Es diagnosticar problemas con la intención de proponer soluciones. Es apelar a los partidos para que comprendan la crisis de representación que han creado y busquen maneras de afrontarla. Y aunque el movimiento impulsado entre tantos mexicanos reúne diversos reclamos, parece haber consenso en torno a algunos ejes. La necesidad de darle a los ciudadanos una forma de castigar o premiar a sus representantes. El imperativo de las candidaturas ciudadanas independientes. La reducción del financiamiento público a los partidos. La posibilidad de incorporar figuras de participación directa como el plebiscito y el referéndum. La propuesta de atar el voto nulo a la cantidad de recursos que se destina a los partidos.

Todo ello con la intención de fortalecer la democracia y asegurar su representatividad. Todo ello con la intención de empujar a los partidos a enarbolar reformas que tanto resisten. Porque como decía Barack Obama a lo largo de su campaña presidencial: “el poder nunca concede por su propia cuenta”. Y la anulación del voto es una forma de obligar a que lo haga en nuestro nombre.

Basta10.com

June 13, 2009

Por Jaime Sánchez Susarrey

La clase política no imaginó la velocidad con la que ha sumado simpatizantes la iniciativa de anular el voto en las próximas elecciones. La clase política y los funcionarios del IFE deberían estar muy, pero muy agradecidos. El debate en torno a la anulación del voto ha despertado el interés ciudadano. Hartazgo y apatía eran las notas dominantes frente a campañas vacuas y promesas falsas. Amén de los insufribles spots que se transmiten todos los días cada hora por radio y televisión.
 
Pero en lugar de tomar el toro por los cuernos y entrar a un debate serio, los partidos, varios intelectuales e incluso algunos periodistas han respondido visceral e iracundamente. El IFE organizó una contracampaña a favor del voto y ya se levantan piras para inmolar a los herejes. Las denuncias y las descalificaciones, como enlisto a continuación, han sido la regla. Antes de desmenuzar los dichos de políticos, comunicadores y otros alebrijes, cabe preguntarse por qué se ha producido semejante reacción. La respuesta es simple: están sorprendidos y tienen miedo. Jamás imaginaron las dimensiones del fenómeno. Varias encuestas sitúan alrededor del 10 por ciento el número de ciudadanos que considera anular su voto.

El temor proviene de la velocidad del contagio. Berumen y Asociados estimaba a principios de mayo la intención de anular el voto en 8.6 por ciento. Tres semanas después, la cifra había subido al 9.7 por ciento. La gran incógnita, y de ahí el miedo, es qué pasará en las semanas que vienen.

Vayamos, ahora, a las perlas que se han tallado en los últimos días con “filosofía y sabiduría profundas”.

- La anulación del voto es un suicidio político (Santiago Creel).

¿Suicidio político? No, de ninguna manera. Un ciudadano que no encuentra un partido o un candidato que lo represente tiene toda la razón de abstenerse o de anular su voto. Su renuncia a ese derecho no es, al contrario de la muerte, definitiva ni absoluta, es circunstancial. Con la misma libertad que hoy dice no, mañana puede decir sí.

- El voto nulo es una trampa de la mafia (Andrés Manuel López Obrador).

Si “el rayito de esperanza” no existiera, habría que inventarlo. Su menosprecio de los ciudadanos es infinito: ninguno piensa ni tiene iniciativa, todos son idiotas y manipulados por “los de arriba”. Pero, además, la contradicción es estúpida: la condenación de AMLO se suma a la de Santiago Creel, los consejeros del IFE, los presidentes del PRI, PAN, PRD y otros notables integrantes (o empleados) de… “la mafia”. Entonces en qué quedamos.

- El voto nulo o en blanco ayuda al fraude electoral (locutora de la Ciudad de México).

Éste es el ejemplo perfecto de la degradación del lenguaje y de la incapacidad de discernimiento. Se da por hecho que se está fraguando un fraude electoral. Petición de principio que no exige demostración alguna. Lo que es evidente no se cuestiona. Pero además, se monta sobre ella una tesis que jamás se fundamenta. Todo conduce a una teoría barroca de un complot contra la izquierda: ciudadanos bienintencionados que terminan sirviendo a los intereses más perversos.

- Si no encuentras por quién votar, opta por el menos malo. La democracia no es el mejor régimen, es el menos malo (sentido común) 

La segunda frase es cierta. Fue acuñada por Winston Churchill. La primera, en cambio, es relativa. Nadie puede cuestionar que un elector decida su voto pragmáticamente. Pero nadie puede, tampoco, objetar la anulación del voto si todos los partidos resultan deleznables. Más aún, si esa anulación da pie a una serie de demandas para abrir el sistema de representación, limitar el poder de la partidocracia y derogar leyes que atentan contra derechos esenciales -como la libertad de expresión.

- El voto nulo fortalece a la partidocracia. No ir a votar, se repite a diestra y siniestra, equivale a dejar la decisión en manos de las clientelas partidarias y las organizaciones corporativas (vox populi).

Parece que sí, pero no es exacto. Primero, porque los candidatos de todos los partidos pasaron ya por el filtro de las cúpulas partidarias. Segundo, porque todos los partidos, sobre todos los tres grandes, tienen mecanismos corporativos y clientelistas. Tercero, porque independientemente de la abstención y la anulación, la Cámara de Diputados se integrará a tercios. Cuarto, porque entre los partidos pequeños no hay a cuál irle. En suma, porque un voto por un partido, cualquiera que sea, es un voto por la continuidad y la permanencia de la partidocracia.

- El voto nulo propiciará una crisis de representación política (anónimo).

No hay que confundir, como bien lo ha señalado Luis Carlos Ugalde, el síntoma con la enfermedad. Los movimientos por la anulación del voto expresan un hartazgo. Los ciudadanos se saben y se sienten mal o no representados. La anulación del voto es efecto de la crisis de representación y no al revés.

- El voto nulo equivale a cero y ya se sabe que cero más cero es igual a cero (la eminencia GRIS -así con mayúsculas- de la contrarreforma electoral de 2007).

Y no. Detrás de un voto nulo hay un ciudadano inconforme, activo e informado. Un ciudadano que ha dado un primer paso y, muy probablemente, dará otros contra la partidocracia y la contrarreforma electoral de 2007. Al final sabremos cuántos son. Pero muchos o pocos, jamás sumarán cero.

Si los perros ladran es que avanzamos, Sancho. La molestia y las reacciones viscerales lo confirman. Vale. Es el momento y la oportunidad de enviar un mensaje simple y contundente: no a la partidocracia, sí a la participación ciudadana.

Hay que dar el primer paso este 5 de julio. No será el último ni el definitivo. Pero no hay otra manera de iniciar una marcha que será tan larga o tan corta como sea necesario. Toma el sendero del voto nulo y del no a la partidocracia por www.basta10.com.

¡Basta/10!

June 6, 2009

Por Jaime Sánchez Susarrey

Al menos 10 demandas se pueden impulsar luego de la anulación del voto; el objetivo del movimiento que inicia debe ser romper el monopolio de los partidos.

Todas las promesas que hicieron PAN, PRI y PRD en la pasada reforma electoral se han cumplido cabalmente, pero al revés. Prometieron el fin de la “spotización” de la política. Hoy tenemos 23 millones 400 mil spots carentes de contenido. Prometieron elevar el nivel del debate. A la fecha no hay propuestas ni confrontación de las mismas. Prometieron terminar con las campañas negativas. La realidad es que las descalificaciones se han trasladado de los medios electrónicos a internet.

Anunciaron un IFE con autoridad moral y respetado por todos los partidos. La verdad es que los consejeros y los magistrados del Trife se han convertido en grandes censores con criterios grotescos. En suma, la contrarreforma de 2007 vulneró la autonomía y la credibilidad de las instituciones, arrasó los logros que se habían alcanzado en equidad y transparencia en 1996 y, sobre todo, coartó el derecho a la libertad de expresión y de información de todos los ciudadanos.

 Éste es el contexto de la elección intermedia. Cabe por lo mismo preguntarse por quién y para qué votar.

 ¿Se debe votar por el PRI? ¿Por el partido que impulsó la contrarreforma electoral de 2007 y que -en boca del senador Beltrones- amenazó al gobierno con vetar la reforma fiscal si no se efectuaba la contrarreforma electoral? ¿Se debe votar por los priistas que se pelearon con un molino de viento, la privatización de Pemex, y luego aprobaron una reforma pírrica que no sirve para nada?

 ¿Hacia dónde voltear entonces? ¿Hacia el partido en el gobierno? ¿El partido que, con la venia del presidente de la República, cambió principios (derecho a la libertad de expresión y de información), convicciones democráticas (el derecho de los ciudadanos a participar libremente en política) e instituciones (la autonomía y legitimidad del IFE) por un plato de lentejas (una “reforma fiscal”)? ¿El partido que alabó y festejó las reformas por consenso como si los acuerdos unánimes fueran la esencia de la democracia?

 ¿Y qué decir del PRD? La corriente Nueva Izquierda que comanda Jesús Ortega es mil veces mejor que López Obrador. No hay ninguna duda al respecto. Pero carece de un proyecto moderno y democrático. Sigue anclada en viejos prejuicios. Por eso apoyó la contrarreforma electoral y la festejó como un avance. Por eso combatió, aliada al PRI más rancio y anquilosado, el fantasma de la privatización de Pemex. Y lo peor, los perredistas  siguen siendo chantajeados por el “rayito de esperanza”.

 La solución tampoco está en los mal llamados partidos emergentes. Se trata, más bien, de pequeños negocios muy rentables. El Partido Verde pertenece a la familia González Torres. La maestra Gordillo utiliza al Panal como un instrumento de sus intereses. El Partido del Trabajo sigue siendo “maoísta” en el siglo XXI. Convergencia es propiedad de Dante Delgado. Y el Partido Socialdemócrata no encuentra la brújula y es muy probable que pierda el registro. La consistencia y la cohesión de todos los partidos pequeños no dependen de un proyecto ideológico ni de un programa. Dependen de los recursos públicos que reciben y de las canonjías que otorgan a sus militantes privilegiados: alíneate y recibirás un hueso. No viven para la política, sino de la política. Por eso el pragmatismo y el oportunismo son su santo y seña. El Partido Verde es único en el mundo. Ningún otro movimiento ecologista está a favor de la pena de muerte y en contra de la despenalización del aborto.

 No hay, pues, por quién votar. Pero la segunda pregunta debe formularse: ¿para qué votar? ¿Para que los diputados y los senadores de distintos colores se fundan en la noche del consenso donde todos los partidos son iguales? ¿Para que una vez que pase la elección se congreguen los diputados para imponernos más IETU y más ISR (Impuesto Sobre la Renta) sin tocar a informales ni evasores? ¿Para que la partidocracia se sirva con la cuchara grande y no se preocupe por el hartazgo ciudadano?

 La abstención o la anulación del voto, en todas sus variantes, no son el mejor camino. No son siquiera recursos que se puedan utilizar y promover indefinidamente. Pero en esta elección intermedia es la única herramienta que la arrogancia y la voracidad de los partidos nos han dejado. La esencia del planteamiento es clara: la partidocracia no representa a los ciudadanos ni se preocupa por ellos, su objetivo es preservar sus intereses aun a costa de atentar contra derechos fundamentales -como la libertad de expresión. El rechazo es importante, además, porque es claro que la contrarreforma de 2007 es un verdadero desastre. En privado y en público políticos de varios colores reconocen que sobrerregularon las campañas y que será indispensable revisar un sinnúmero de artículos. Por eso, la anulación o la abstención el próximo 5 de julio debe ser el inicio de un movimiento ciudadano que se proponga romper el monopolio de los partidos.

 ¿Cómo? Enarbolando 10 demandas:

 1) reelección de diputados, senadores y presidentes municipales;

2) reducción a 100 de los diputados de representación proporcional;

3) desaparición de los senadores de representación proporcional;

4) derogación del párrafo del artículo 41 constitucional que prohíbe las campañas negativas;

5) no a la censura -libertad en los medios de comunicación electrónicos;

6) reducción drástica del financiamiento público a los partidos;

7) recuperación plena de la autonomía del IFE;

8) arrancarle a los partidos el nombramiento de los consejeros del IFE;

9) instaurar las candidaturas independientes;

10) crear la figura de plebiscito.

 Este 5 de julio hay que acudir a las urnas, sustraer la boleta, anularla con la leyenda: ¡Basta/10!, exhibirla en el auto o en la casa e iniciar así el movimiento de protesta.

Publicado en el periódico Reforma el 6 de junio del 2009.

Estas elecciones:

June 3, 2009

TAMBIEN ANULARE MI VOTO