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By blogabo

Por Jaime Sánchez Susarrey

La clase política no imaginó la velocidad con la que ha sumado simpatizantes la iniciativa de anular el voto en las próximas elecciones. La clase política y los funcionarios del IFE deberían estar muy, pero muy agradecidos. El debate en torno a la anulación del voto ha despertado el interés ciudadano. Hartazgo y apatía eran las notas dominantes frente a campañas vacuas y promesas falsas. Amén de los insufribles spots que se transmiten todos los días cada hora por radio y televisión.
 
Pero en lugar de tomar el toro por los cuernos y entrar a un debate serio, los partidos, varios intelectuales e incluso algunos periodistas han respondido visceral e iracundamente. El IFE organizó una contracampaña a favor del voto y ya se levantan piras para inmolar a los herejes. Las denuncias y las descalificaciones, como enlisto a continuación, han sido la regla. Antes de desmenuzar los dichos de políticos, comunicadores y otros alebrijes, cabe preguntarse por qué se ha producido semejante reacción. La respuesta es simple: están sorprendidos y tienen miedo. Jamás imaginaron las dimensiones del fenómeno. Varias encuestas sitúan alrededor del 10 por ciento el número de ciudadanos que considera anular su voto.

El temor proviene de la velocidad del contagio. Berumen y Asociados estimaba a principios de mayo la intención de anular el voto en 8.6 por ciento. Tres semanas después, la cifra había subido al 9.7 por ciento. La gran incógnita, y de ahí el miedo, es qué pasará en las semanas que vienen.

Vayamos, ahora, a las perlas que se han tallado en los últimos días con “filosofía y sabiduría profundas”.

- La anulación del voto es un suicidio político (Santiago Creel).

¿Suicidio político? No, de ninguna manera. Un ciudadano que no encuentra un partido o un candidato que lo represente tiene toda la razón de abstenerse o de anular su voto. Su renuncia a ese derecho no es, al contrario de la muerte, definitiva ni absoluta, es circunstancial. Con la misma libertad que hoy dice no, mañana puede decir sí.

- El voto nulo es una trampa de la mafia (Andrés Manuel López Obrador).

Si “el rayito de esperanza” no existiera, habría que inventarlo. Su menosprecio de los ciudadanos es infinito: ninguno piensa ni tiene iniciativa, todos son idiotas y manipulados por “los de arriba”. Pero, además, la contradicción es estúpida: la condenación de AMLO se suma a la de Santiago Creel, los consejeros del IFE, los presidentes del PRI, PAN, PRD y otros notables integrantes (o empleados) de… “la mafia”. Entonces en qué quedamos.

- El voto nulo o en blanco ayuda al fraude electoral (locutora de la Ciudad de México).

Éste es el ejemplo perfecto de la degradación del lenguaje y de la incapacidad de discernimiento. Se da por hecho que se está fraguando un fraude electoral. Petición de principio que no exige demostración alguna. Lo que es evidente no se cuestiona. Pero además, se monta sobre ella una tesis que jamás se fundamenta. Todo conduce a una teoría barroca de un complot contra la izquierda: ciudadanos bienintencionados que terminan sirviendo a los intereses más perversos.

- Si no encuentras por quién votar, opta por el menos malo. La democracia no es el mejor régimen, es el menos malo (sentido común) 

La segunda frase es cierta. Fue acuñada por Winston Churchill. La primera, en cambio, es relativa. Nadie puede cuestionar que un elector decida su voto pragmáticamente. Pero nadie puede, tampoco, objetar la anulación del voto si todos los partidos resultan deleznables. Más aún, si esa anulación da pie a una serie de demandas para abrir el sistema de representación, limitar el poder de la partidocracia y derogar leyes que atentan contra derechos esenciales -como la libertad de expresión.

- El voto nulo fortalece a la partidocracia. No ir a votar, se repite a diestra y siniestra, equivale a dejar la decisión en manos de las clientelas partidarias y las organizaciones corporativas (vox populi).

Parece que sí, pero no es exacto. Primero, porque los candidatos de todos los partidos pasaron ya por el filtro de las cúpulas partidarias. Segundo, porque todos los partidos, sobre todos los tres grandes, tienen mecanismos corporativos y clientelistas. Tercero, porque independientemente de la abstención y la anulación, la Cámara de Diputados se integrará a tercios. Cuarto, porque entre los partidos pequeños no hay a cuál irle. En suma, porque un voto por un partido, cualquiera que sea, es un voto por la continuidad y la permanencia de la partidocracia.

- El voto nulo propiciará una crisis de representación política (anónimo).

No hay que confundir, como bien lo ha señalado Luis Carlos Ugalde, el síntoma con la enfermedad. Los movimientos por la anulación del voto expresan un hartazgo. Los ciudadanos se saben y se sienten mal o no representados. La anulación del voto es efecto de la crisis de representación y no al revés.

- El voto nulo equivale a cero y ya se sabe que cero más cero es igual a cero (la eminencia GRIS -así con mayúsculas- de la contrarreforma electoral de 2007).

Y no. Detrás de un voto nulo hay un ciudadano inconforme, activo e informado. Un ciudadano que ha dado un primer paso y, muy probablemente, dará otros contra la partidocracia y la contrarreforma electoral de 2007. Al final sabremos cuántos son. Pero muchos o pocos, jamás sumarán cero.

Si los perros ladran es que avanzamos, Sancho. La molestia y las reacciones viscerales lo confirman. Vale. Es el momento y la oportunidad de enviar un mensaje simple y contundente: no a la partidocracia, sí a la participación ciudadana.

Hay que dar el primer paso este 5 de julio. No será el último ni el definitivo. Pero no hay otra manera de iniciar una marcha que será tan larga o tan corta como sea necesario. Toma el sendero del voto nulo y del no a la partidocracia por www.basta10.com.

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